| Impulso Sophia Editorial |
La prueba que no pasamos
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| Sobre pensar sin actuar, la trimembración social y lo que todavía podemos hacer |
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En la noche del 31 de diciembre de 1922 al 1 de enero de 1923, el fuego destruyó el primer Goetheanum, en Dornach. Tres meses después, el 2 de abril de 1923, lunes de Pascua, Rudolf Steiner hablaba junto a sus ruinas e hizo un balance de lo que había intentado cuatro años atrás: llevar la trimembración social a la vida pública.
Sus palabras fueron estas:
«Cuando se habló del impulso de la trimembración en la vida social, eso fue en cierto modo una prueba de si el pensamiento de Micael ya es lo bastante fuerte como para que se sienta cómo un impulso así brota directamente de las fuerzas que dan forma a la época. Fue una prueba del alma humana: de si el pensamiento de Micael es lo bastante fuerte en un cierto número de personas. Pues bien, la prueba dio un resultado negativo.»
La razón que dio no fue la oposición de los partidos, ni la crisis de la posguerra, ni la incomprensión del mundo. Fue otra, más incómoda:
«Los miembros de la Sociedad Antroposófica dirigen, sí, sus fuerzas contemplativas del alma hacia lo que sucede, pero la actividad de la propia alma no se une con aquello que atraviesa la época como un impulso.»
Rudolf Steiner, conferencia del 2 de abril de 1923 en Dornach. En: Der Jahreskreislauf als Atmungsvorgang der Erde und die vier großen Festeszeiten (El ciclo del año como proceso respiratorio de la Tierra y las cuatro grandes festividades), GA 223, pp. 50-51. Citado en: Wilfried Heidt, Trotzalledem: Kein Requiem. Wo war die anthroposophische Bewegung im Epochenjahr »1968«? (A pesar de todo: no es un réquiem. ¿Dónde estaba el movimiento antroposófico en el año histórico de 1968?), folleto n.º 1, Achberg, 2008.
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Miraban. Comprendían. Pero no se involucraban.
El problema no fue la falta de conocimiento. Fue que el conocimiento no se convirtió en acción.
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Qué significa pensar sin actuar
Conviene decirlo con precisión. Pensar, estudiar y comprender no está mal: es indispensable. El problema aparece cuando el pensar se detiene en sí mismo, cuando comprender una idea se vive como si ya fuera haberla realizado.
Steiner lo describió treinta años antes, en La filosofía de la libertad (1894). Allí explica que una acción libre necesita tres capacidades, una después de la otra:
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Primer paso
Intuición moral
Comprender la idea: ver con claridad qué sería lo justo, lo bueno, lo necesario.
Aquí solemos quedarnos.
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Segundo paso
Fantasía moral
Imaginar cómo llevar esa idea a esta situación concreta, con estas personas, en este lugar.
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Tercer paso
Técnica moral
Saber hacerlo: transformar la realidad sin violentar sus leyes, con oficio, paciencia y constancia.
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Un ejemplo de la vida económica. Comprender que un precio verdadero es el que le permite a quien produce vivir y seguir produciendo: eso es intuición moral. Imaginar un acuerdo con la granja que nos provee, en el que ese precio se converse entre quienes producen y quienes consumen: eso es fantasía moral. Sentarse a hacer las cuentas, acordar y sostener el acuerdo mes tras mes: eso es técnica moral.
Y un ejemplo en sentido contrario, que nos toca de cerca. Leemos sobre el precio verdadero y seguimos comprando sin preguntar cómo vive quien produjo lo que comemos. Estudiamos la fraternidad en la vida económica y quizás no conocemos a una sola de las personas que producen nuestros alimentos.
Como movimiento, hemos cultivado mucho el primer paso. Los grupos de estudio, las lecturas y las conferencias ejercitan la comprensión. Los otros dos pasos casi no tienen un lugar donde practicarse. Y lo que no se practica, no se aprende.
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El pensamiento de Micael
Para Steiner, desde 1879 vivimos la época de Micael. Su impulso es un pensar libre: que no se apoya en la tradición, en el grupo o en la autoridad, sino en lo que cada uno comprende por sí mismo; y que no se queda frío en la cabeza, sino que se calienta con el corazón y se convierte en acción responsable.
Hay un rasgo decisivo, y conviene subrayarlo porque cambia todo: Micael no obliga ni actúa en lugar del ser humano. Respeta su libertad. Su impulso existe en el mundo solo en la medida en que las personas, libremente, lo realizan.
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Por eso, decir que «todavía no es el momento» o que «las condiciones espirituales no están dadas» no explica nada. Desde la propia visión de Steiner, la responsabilidad vuelve a nosotros. La prueba de 1923 no medía cuánto sabían sus miembros, sino cuántos estaban dispuestos a actuar.
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Lo que vino después
En 1919, Steiner había recorrido las fábricas de Stuttgart, invitado por los propios comités de trabajadores de Bosch y Daimler, para proponer una sociedad en la que la vida cultural fuera libre, el derecho igual para todos y la economía un trabajo fraternal de unos para otros. Miles de personas lo escucharon. La propuesta no prosperó.
Después de su muerte, en 1925, vinieron décadas de divisiones internas. El movimiento antroposófico creció en la pedagogía, la medicina y la agricultura. La trimembración, en cambio, quedó en los libros.
Un intento que sí se hizo
En diciembre de 1978, el artista Joseph Beuys publicó en uno de los principales diarios de Alemania un Llamamiento a la alternativa. Proponía una sociedad en la que la cultura fuera libre, el derecho igual para todos y la economía un trabajo de unos para otros. No nombraba a Rudolf Steiner ni usaba una sola palabra del vocabulario antroposófico, y llegó a miles de lectores que jamás habrían abierto un libro de antroposofía.
Ese llamamiento nació en Achberg, un pequeño centro cultural cerca del lago de Constanza, donde un grupo de personas trabajaba desde 1971 para llevar la trimembración a la vida pública. Pocos meses después, participaron en la fundación de un nuevo partido: Los Verdes.
Pero en un partido las cosas se deciden votando, y ellos eran muy pocos. El movimiento antroposófico, en su gran mayoría, no los acompañó. En pocos años quedaron al margen, y de su propuesta sobrevivió solo una parte: la democracia directa, que siguió su camino fuera del partido y logró cambiar leyes en Alemania.
La idea podía entrar en la vida pública. Lo que faltó no fue la idea, sino las personas dispuestas a sostenerla juntas. Es, cincuenta años después, la misma prueba de 1923.
Las ideas no ganan solas
En 1947, un pequeño grupo de economistas se reunió en Mont Pèlerin, en Suiza. Sus ideas no tenían entonces ningún lugar en los gobiernos. Durante treinta años formaron personas, escribieron y sostuvieron sus redes. Cuando llegó la crisis de los años setenta, estaban listos, y sus ideas llegaron al poder.
No ganaron por tener razón. Ganaron porque alguien las sostuvo, y las practicó, mientras nadie las quería.
Lo que sí existe
Sería injusto decir que no pasó nada. Hay bancos que prestan con criterios asociativos, como el GLS en Alemania. Hay más de mil escuelas Waldorf en el mundo. Hay granjas sostenidas por sus propios consumidores, muchas nacidas de la biodinámica.
Son luces pequeñas y dispersas. Todavía no se encontraron entre sí. Unirlas ya no es una tarea de comprensión, sino de técnica moral.
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Para que no haya malentendidos
Esta carta no dice que estudiar esté mal. Dice que el estudio que no se convierte en acción queda incompleto.
No acusa a nadie. Nos incluye a todos, empezando por quien la escribe.
No propone un programa político ni una receta. Propone ejercitar los pasos que faltan, empezando por lo pequeño.
No dice que no se haya hecho nada. Dice que lo hecho todavía no alcanza a formar un cuerpo.
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Una invitación
Por eso estamos preparando una colección de cuadernillos breves sobre economía asociativa. No están pensados para leerse a solas, sino para que grupos pequeños se reúnan, observen su propia vida económica y decidan juntos qué hacer con lo que ven. Cada encuentro termina en algo para hacer, no solo para pensar.
Dicho en el lenguaje de La filosofía de la libertad: un lugar donde ejercitar la fantasía moral y la técnica moral. Dicho en el lenguaje de esta época: un pequeño ejercicio micaélico.
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La prueba de 1923 no terminó. Sigue abierta.
Leer esta carta hasta aquí ya es el primer paso: comprender. Lo que falta no se decide leyendo.
Si ya hay alguien con quien dar el segundo, basta con responder este correo con su nombre.
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Martín L. Alonso
Impulso Sophia Editorial
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