Impulso Sophia Editorial · Cultura dialógica

La cultura dialógica empieza adentro

Antes de todo método, el trabajo interior: los seis ejercicios preliminares de Rudolf Steiner.

La cultura dialógica no se aplica: se vive. No es una técnica de reunión que se instala en una escuela o en una empresa, sino una manera de trabajar con otros que descansa sobre algo previo —una disposición interior de cada persona—. Karl-Martin Dietz, cuya obra venimos publicando en castellano, lo resume así: sin autonomía del individuo no hay cultura dialógica. Y esa autonomía se ejercita.

¿Dónde empieza, entonces? En un lugar antiguo y conocido en el mundo Waldorf: los ejercicios preliminares que Rudolf Steiner ofreció como fundamento del desarrollo interior. Son seis, se practican en pocos minutos por día, y no piden nada extraordinario. No son una receta a aplicar, sino una práctica a cultivar: de ella nacen, después, el encuentro, la transparencia, el consejo y la decisión que dan forma a una comunidad viva.

Los seis ejercicios preliminares

No una técnica a instalar, sino una práctica a cultivar.

1 · Objetividad — control del pensamiento

Volverse señor del propio mundo de pensamientos: sostener, por propia iniciativa, un pensamiento elegido, y llevarlo hasta el final.

2 · Acciones — dominio de la voluntad

Un acto pequeño y libre, nacido de la propia iniciativa —a una hora fija, sin más razón que haberlo decidido— y sostenido.

3 · Ecuanimidad — control de la expresión de los sentimientos

No dejarse arrastrar por las emociones: que el sentir pase por uno sin gobernarlo. No es reprimirlo, es no ser su juguete.

4 · Positividad — buscar la verdad, la belleza y la amabilidad

Descubrir, también, lo verdadero, lo bello y lo bueno de lo que aparece —sin negar lo otro.

5 · Mente abierta — receptividad a nuevas experiencias

Recibir lo nuevo con la disposición a que contradiga lo que ya se sabe.

6 · Armonizar — ejercitar todas las prácticas

Los cinco en equilibrio vivo, sosteniéndose unos a otros.

Estas líneas dan solo el punto de partida y la meta. El ejercicio mismo —lo que ocurre entre ambos— lo desarrolla cada persona. Ayudar con fórmulas cerradas le quitaría su efecto: por eso los textos son deliberadamente sobrios.

De esta práctica interior, cultivada con el tiempo, nace la cultura dialógica que da forma a una comunidad escolar o de trabajo verdaderamente viva. Es el hilo de los libros de Karl-Martin Dietz que estamos editando en un solo volumen, La Cultura Dialógica.

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Impulso Sophia Editorial · Cultura dialógica · Olivos, Buenos Aires