Economía asociativa · Editorial Biodinámica

El empresario que quería pagarte por existir

Götz Werner construyó una de las cadenas comerciales más grandes de Alemania. Y llegó a la conclusión de que la lógica sobre la que la había levantado —trabajás, cobrás— estaba equivocada.

Hay una manera fácil de malentender a Götz Werner, y casi todos la eligen. Se escucha «renta básica» y se piensa en un plan social, en un subsidio, en dinero del Estado para los que no trabajan. Werner no proponía nada de eso. Proponía algo bastante más incómodo: que el ingreso no debería llegarte por trabajar, sino por existir. Y no lo decía un militante ni un teórico de escritorio. Lo decía el fundador de dm, una de las mayores cadenas de droguerías de Alemania, con decenas de miles de empleados a cargo.

Un hombre que hizo su vida entera dentro del binomio trabajo–ingreso terminó queriendo separarlos. Vale la pena detenerse en esa contradicción antes de despacharla, porque ahí está lo interesante.

No es un salario. Es lo contrario de un salario.

El salario es pago por trabajo hecho: producís algo, y a cambio recibís dinero. Es un intercambio. Lo que Werner llamaba ingreso incondicional rompe justamente ese intercambio. No se cobra por producir; se recibe por el solo hecho de ser persona. Nadie controla si lo merecés, nadie mide cuánto rendiste. Es un derecho de existencia, no una contraprestación.

Werner lo formulaba con una frase seca: se trata de separar trabajo e ingreso. Hoy los tenemos pegados como si fueran una sola cosa, y damos por sentado que así debe ser. Su apuesta era que despegarlos, lejos de volver a todos vagos, liberaría el trabajo: si tu supervivencia ya está asegurada, dejás de aceptar cualquier tarea por miedo, y empezás a elegir en qué querés poner tu esfuerzo.

«¿Qué harías con tu vida si el ingreso ya no fuera el problema?»

Esa pregunta parece económica y no lo es. Werner insistía en que la renta básica no es, en el fondo, una discusión sobre dinero: es una discusión sobre qué imagen tenemos del ser humano. Si creés que la gente solo trabaja empujada por la necesidad, la idea te parece un disparate. Si creés que las personas, liberadas del miedo, buscan hacer algo que valga la pena, entonces la pregunta cambia de lugar por completo.

Un empresario que hizo las cuentas

Lo notable es que Werner no se quedó en la buena intención. Pensó el problema como lo que era: un empresario. Su modelo proponía eliminar el impuesto a la renta —el que grava el trabajo— y financiar el ingreso incondicional a través de un fuerte impuesto al consumo. La lógica: dejemos de castigar el hecho de trabajar y gravemos, en cambio, el hecho de gastar. Se puede discutir el número y la implementación, y mucho se discutió. Pero no era una fantasía sin cuentas: era una arquitectura fiscal completa, propuesta por alguien que sabía manejar números grandes.

Dónde encaja esto en la economía de Steiner

Para quien viene leyendo desde la economía asociativa, la idea de Werner deja de sonar excéntrica y empieza a sonar familiar. Rudolf Steiner distinguía tres cualidades del dinero, según la función que cumple:

Las tres cualidades del dinero

Dinero de compra El del intercambio directo. Pagás, recibís un bien o un servicio. Es la esfera de la economía.
Dinero de préstamo El que habilita iniciativas futuras. No compra: financia capacidades que todavía no dieron fruto.
Dinero de donación El que sostiene lo que no se paga a sí mismo: la educación, la cultura, la vida del espíritu. Fluye sin esperar contraprestación.

El ingreso incondicional de Werner no pertenece a la esfera del dinero de compra. Nadie te lo paga a cambio de un producto. Pertenece a la esfera del derecho y de la donación: es la comunidad reconociendo que cada persona, por el hecho de estar acá, tiene derecho a las condiciones básicas para desplegar lo suyo. Puesto en estos términos, la renta básica deja de ser una consigna de época y se vuelve una consecuencia bastante natural de tomarse en serio esta manera de mirar el dinero.

Por qué esta idea llega hasta acá

Werner murió en 2022. Pasó las últimas dos décadas de su vida defendiendo públicamente algo que va contra el sentido común del empresario que él mismo había sido. No es un dato menor: la renta incondicional no fue para él una teoría entre otras, sino el punto de llegada de toda una biografía. Un hombre que vivió del trabajo, que dio empleo a miles, que conocía la máquina productiva desde adentro, terminó ahí.

Antes de decidir si la idea es un disparate, hay una pregunta más incómoda que conviene hacerse —esta vez no sobre Werner, sino sobre uno mismo.

¿Cuánto de lo que hacés cada día lo hacés porque querés, y cuánto porque tenés miedo de no llegar a fin de mes?

Si la respuesta te sale fácil, buen síntoma. Si te cuesta, entonces la pregunta de Werner dejó de ser abstracta. Ya no es sobre «la gente»: es sobre tu lunes a la mañana. Ese es el nervio que él tocaba, y por eso incomoda tanto viniendo de quien viene.

¿Cómo se llega a pensar así? Esa pregunta no la responde ningún ensayo sobre políticas públicas. La responde una vida contada por dentro —y esa vida está escrita.

Para seguir leyendo

Lo que nunca imaginé

La biografía de Götz Werner: cómo el fundador de una de las mayores empresas de Alemania llegó a pensar que el ingreso debía separarse del trabajo. El recorrido completo detrás de la idea, en su propia voz. Único título de Werner en español, editado por Editorial Biodinámica.

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Editorial Biodinámica · Manos vacías y un bello ideal.